miércoles, 22 de septiembre de 2010

UN PRINCIPIANTE ANTE EL UNIVERSO

MODOS DE OBSERVAR

Cuando el ser humano contempla el cielo en una noche estrellada, se sumerge en una aventura personal que trasciende de él mismo, se plantea mas preguntas que respuestas obtiene. Es la necesidad inevitable que tiene la humanidad de comprender su entorno y que la ha llevado desde la conquista del fuego a la del espacio, de las eternas preguntas sobre el "ser", a querer saber como funcionan las cosas.

Al intentar responder a las preguntas, si se sigue el método científico, recorre el camino que ha seguido la evolución humana, que la ha llevado no sin sufrimientos, del mito a la ciencia, de la justificación a la comprensión, del "creer" al saber, con todas las limitaciones que el saber comporta.

OBSERVAR A SIMPLE VISTA
El ojo desnudo ha sido el instrumento del que por milenios se ha servido el hombre para estudiar el universo. Con una pupila de alrededor de siete milímetros de diámetro cuando se ha acostumbrado a la oscuridad, es capaz de ver en una noche oscura, las 6500 estrellas de magnitud menor o igual a seis. Acompañado de una carta celeste, a modo de "guia urbana", le llevará a conocer el nombre de las principales estrellas, conocer e identificar las constelaciones y el nombre y ubicación de algún cúmulo y galaxia, dependiendo del lugar y estación. Es el método recomendable para toda persona que quiera iniciarse en el estudio del cielo.

CON PRISMATICOS
La ayuda de unos prismáticos es el siguiente paso después de conocer los rudimentos de las rutas celestes. Su menor campo, siete grados para un 7x50, nos obiga a enfocar hacia un lugar predeterminado para poder observar los objetos con mayor detalle.

No despreciemos nunca a los prismáticos, durante mucho tiempo ha sido el instrumento ideal para el estudio de las estrellas variables, y con ellos se han descubierto más cometas que con el telescopio.

CON TELESCOPIO
El instrumento por antonomasia de todo observador celeste es el telescopio. Los hay de varios tipos y modelos, y el lector, si desea adquirir uno, debería nutrirse de la abundante bibliografía sobre el tema o consultando con alguna asociación existente en las cercanías de su residencia, pero siempre fiándose de una persona de probada experiencia, nunca del vendedor de una tienda o gran superficie.

Hay un cielo para cada telescopio, repite hasta la saciedad el Dr. Patrick Moore, famoso astrónomo aficionado inglés, el problema es que el principiante no sabe todavía qué es lo que le gusta y por lo tanto necesita un instrumento sencillo de usar, robusto y generalista y que si la afición le prende, lo pueda seguir utilizando como instrumento auxiliar montado en paralelo con otro mayor.

Con esta premisa recomiendo un pequeño refractor de 60 a 80 mm de diámetro que puede transportarse sin problemas si no se puede observar desde la residencia habitual y con el que se pueden observar de veinte a trinta mil objetos celestes, de entre ellos, cinco mil entre estrellas dobles, estrellas variables, cúmulos, nebulosas y galaxias. Es decir, con capacidad para alimentar nuestra afición durante toda la vida.

Pero es de humanos querer más, y si la afición nos lo exige, y los medios lo permiten, podemos llegar a un reflector de 150 mm o de 200 mm, límite de lo transportable, con el que podremos observar 7 millones de estrellas en el primer caso y hasta 500 millones en el segundo. A partir de aquí entramos ya en la especialización. Si los medios no lo permiten y siempre con la ayuda de una persona experimentada, se puede optar por construirlo uno mismo.


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